Palacio Real de La Granja de San Ildefonso
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El origen del Palacio de San Ildefonso se remonta a 1720, año en el que Felipe V compró unos terrenos, cercanos a la ermita de San Ildefonso, a los frailes de la comunidad del Parral.
La belleza del lugar y la abundante caza fueron decisivas a la hora de elegir el emplazamiento del futuro palacio y jardines.
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Teodoro Ardemans, arquitecto formado en el estilo madrileño de los Austrias, fue el encargado de convertir el edificio conventual en un pequeño palacio adosado a un magnífico templo y flanqueado por cuatro torres con chapiteles de pizarra. Lo más significativo de este edificio es su fachada al jardín, obra de F. Juvara.
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Durante el reinado de Carlos III el Real Sitio adquirió su carácter definitivo. Al "rey arquitecto" se debe, en gran parte, la ordenación de San Ildefonso, y después de él es poco y sin valor lo que se ha agregado. Durante los siglos XVIII y XIX San Ildefonso se convierte en residencia estival de los Borbones.
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Actualmente en este Palacio se desarrollan determinados actos institucionales.
JARDINES DE LA GRANJA
La obra de jardinería se encomendó a un equipo francés procedente de Versalles, en el que destacan nombres como Renato Carlier, Esteban Marchand y Esteban Boutelou. Los alrededores del Palacio están dispuestos en parterres, entre los que se ven jarrones, estatuas y fuentes que rodean estanques y cascadas. Las plantaciones de tilos, castaños, fresnos, olmos y coníferas están separadas por avenidas que se cortan, en cuyas intersecciones suele haber una fuente o un pabellón.
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La contemplación de los juegos de agua de las fuentes se enmarca dentro de un "recorrido espectáculo" por unos jardines en los que los actores, de piedra o de metal, representan, a modo de teatro, episodios mitológicos en una escenografía de frondas.
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