Boda de Don Juan Carlos y Sofia de Grecia

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En el verano de 1954, la reina Federica de Grecia organizó un crucero a bordo del Yate Agameón con la intención de que ciento diez jóvenes, miembros de las casas reales europeas, tuvieran la oportunidad de conocerse. Sobre la cubierta de este barco se produjo el primer encuentro entre la princesa Sofía de Grecia, de quince años, y Juan Carlos de Borbón, de dieciséis. No obstante, habrían de pasar muchos años hasta que ese encuentro se convirtiera de verdad en una cita.

En el barco de Eugénides


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“Cuando vivíamos en Suráfrica –la reina Federica se refiere, en este apartado de sus Memorias al exilio de la Familia real griega durante la II Guerra Mundial- también estaba refugiado allí un armador griego apellidado Eugénides... en 1954, Eugénides me pidió que visitara uno de sus trasatlánticos y darle mi nombre. Cuando se accede a esto es costumbre regalar a la madrina un gran broche de brillantes. Pero en aquella ocasión tuve una idea y le pregunté si en vez del regalo tradicional, me proporcionaría los medios necesarios para organizar un crucero al que invitaría a todas las familias reales de Europa. Le pareció muy bien. Había varias razones para organizar ese crucero. En primer lugar, Palo –se refiere al rey Pablo, su esposo- y yo deseábamos abrir las puertas de Grecia al turismo... Otra razón es que, desde la I Guerra Mundial, las Familias Reales no habían vuelto a reunirse”.

¿Cuándo se hicieron novios realmente?


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Don Juan Carlos frecuentaba, por aquel entonces, el ambiente de las Familias italianas – el Rey entonces fue relacionado con María Gabriela de Saboya- y doña Sofía el de las alemanas y escandinavas –durante mucho tiempo hubo verdadero interés en casarla con Harald de Noruega-, pero y, aún teniendo las miradas fijas en lugares del mundo muy distintos, se dio la circunstancia de que los condes de Barcelona y los Reyes de Grecia mantenían una buena relación y que éstos solían invitarles a Mon Repos, su palacete de veraneo, en la isla de Corfú... Y eso, claro, influyó parcialmente a la hora de avanzar en sus relaciones.


”Ella me ha hechizado”
Julio de 1958. Castillo de Althausen. Durante la celebración del matrimonio de Isabel de Wurtemberg con Antonio de Borbón Dos Sicilias, don Juan Carlos confesó a su círculo de amigos: “Ah, la princesa Sofía de Grecia. Ella me ha hechizado...”
Con su uniforme de gala de la marina se dedicó durante toda la noche a cortejarla. Pasearon por los jardines del castillo, bailaron...

Cortejando a doña Sofía
Tras esta primera gran cita social, la pareja real volvió a coincidir durante las pruebas de vela de la Olimpiada de 1960. Competición en la que doña Sofía participó como reserva de su hermano, Constantino. Con tal motivo, los Reyes de Grecia organizaron en su barco, Polemistis, atracado en el puerto de Nápoles una cena... doña Sofía resumiría aquel encuentro, muchos años después de haber tenido lugar, para la periodista Pilar Urbano de la siguiente manera: “Con don Juan y doña María, vino también Juan Carlos. Llevaba bigote. Yo le dije. “No me gustas nada con ese horrible bigote” . “Ah, ¿no?, pues ahora no sé cómo lo voy a poder arreglar”. “¿No sabes cómo? Yo sí sé cómo. Ven conmigo. Lo llevé al cuarto de baño del barco. Le hice sentarse. Le puse una toalla por encima, como en las barberías. Cogí una maquinilla, le levanté la nariz y se lo afeité. Él... se dejó".


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Unidos por el protocolo inglés
doña Sofía y don Juan Carlos coinciden, con motivo de la boda de los duques de Kent, el 8 de junio de 1961, en la abadía de Yorkminster, desde el primer día en el hotel 'Claridge' donde se hospedan; van al cine con el príncipe Constantino a ver Éxodo, acuden a la fiesta del hotel Savoy, a la que la familia de los novios organiza en la propiedad rural de Hovingham Hall, y son pareja, también, en el baile posterior a la ceremonia nupcial. Fue en la boda de los duques de Kent donde por una vez el protocolo hizo bien las cosas, pues me asignó a Juan Carlos por caballero acompañante”, diría años después la Reina, según escribe Fernando Rayón en su libro La boda de Juan Carlos y Sofía (La Esfera de los libros).

La Familia Borbón en Corfú
La reina Federica, después del encuentro en Londres, invita de nuevo a los condes de Barcelona y a sus hijos al palacio de 'Mon Repos', Corfú. Lugar tradicional de veraneo de la Familia real Griega con maravillosas vistas al Mediterráneo y un precioso bosque exótico. El príncipe prolonga su visita hasta la primera quincena de agosto. Fernando Rayón extrae del libro Memorias de Federica de Grecia “ Corfú es el sitio más maravilloso del mundo para enamorarse... En aquel feliz ambiente, Sofía y Juanito decidieron unir sus vidas para siempre”.


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sofia-a.jpg'Sofi cógelo'
En Lausana, los Reyes de Grecia que están de visita oficial a Suiza para inaugurar un pabellón griego de la exposición Universal se reúnen con los condes de Barcelona y sus hijos en el hotel Beau Rivage El Rey –lo ha dicho doña Sofía en numerosas ocasiones jamás usó la pregunta: ¿Quieres casarte conmigo?, pero sí la sorprendió lanzando, durante aquel encuentro una caja al aire con un ¡’Sofi, cógelo’! Yo, en ese momento, no le regalé nada. No me lo esperaba y no tenía nada preparado” … “¿Recuerdas –dijo mirando a don Juan Carlos ante otros testigos– que, en Suiza, en casa de tu abuela, después de comer, entraste tú, me pusiste la pulsera y me dijiste: ‘Nos casamos, ¿eh?’


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Dos ceremonias y una boda. Ese fue el problema al que tuvieron que enfrentarse desde el principio don Juan Carlos y doña Sofía. El hecho de que la Princesa contrajera matrimonio como ortodoxa era una novedad en la historia de España. La conversión de Victoria Eugenia, anglicana, en 1906 había sido referencia obligada en las primeras conversaciones. Además, no había antecedentes de reinas no católicas desde los Reyes godos, cuenta Fernando Rayón en su libro, La boda de don Juan Carlos y Sofía.

“¡Yo, una hereje!”
“Para entender todo ese lío –palabras de la Reina a Pilar Urbano- hay que tener en cuenta lo que de mí se escribía en los periódicos españoles y lo que llegó a decir algún miembro del consejo de don Juan sobre que yo era una hereje. ¡Yo, una hereje!, sí para muchos católicos lo era, pero nadie dijo cuál era mi herejía”.

El rito de las coronas
Al confirmar la fecha del 14 de mayo han tenido que precisar también que la princesa se casará como catecúmena de la Religión Católica, que estaba recibiendo instrucción adecuada, que había sido confiada al arzobispo católico de Atenas y que ello permitiría su ingreso en un plazo breve. “Yo no era una catecúmena del catolicismo. Yo estaba bautizada desde 1938, con el mismo y único bautizo católico. Sólo estaba aprendiendo una nueva liturgia. También Juan Carlos tuvo que aprender el rito de las coronas y de las danzas de Isaías”, recordaba doña Sofía hace unos años.

La obediencia al Papa
“No fue una catequesis, sino más bien una explicación de la fe católica, -confesó doña Sofía a Pilar Urbano- de la diferencia entre los ritos, las celebraciones, los santos y algo que me llamaba particularmente la atención lo del primado del Papa, que fuera el sucesor de Pedro, a través de los siglos”.
“En definitiva, todo el problema de mi conversión era pasar por la obediencia del Papa en Roma. Eso creó un conflicto religioso, político y monárquico. Fue el gran escollo. Lo más tenso. Consumió horas y horas de negociaciones entre católicos y ortodoxos en Atenas, en Estoril, en Roma, y yo la más interesada, ¡estaba totalmente conforme!”


Las Ceremonias


Eran las diez en punto de la mañana, en el altar, vestido con uniforme de teniente de infantería - con el Toisón, el collar de Carlos III, las placas de la Orden de Malta y de la Orden griega ... don Juan Carlos esperaba a la novia. 45.000 claveles rojos y amarillos, traídos expresamente de Valencia y Cataluña, adornaban el interior del templo.

La princesa Sofía, antes de entrar en la catedral, se vuelve hacia su pueblo con un saludo, que era la despedida... Mientras, el capellán de Tatoi dirigía un coro de 300 voces que habían empezado a interpretar el Aleluya de Haendel.


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4 (6).jpgEl pañuelo de don Juan Carlos
El príncipe Juan Carlos y la princesa Sofía se casaron el 14 de mayo, en Atenas, por dos ritos. El primero, católico, tuvo lugar en la catedral de San Dionisio. El segundo, ortodoxo, se celebró, una hora más tarde, en la catedral de Santa María y fue autorizada por Juan XXIII. doña Sofía, emocionada durante ambas ceremonias, tuvo que usar el pañuelo de don Juan Carlos en varias ocasiones. La novia eligió para su boda una corona de diamantes de línea helénica, regalo de su madre la reina Federica y un maravilloso vestido de seda entreverada de plata. El arzobispo Printesi formula las preguntas. Don Juan Carlos en alto, dice sí. La princesa, con voz más tenue, contesta a su vez: Malissa, sí, en griego. Finalizada la ceremonia, una lluvia de pétalos de rosa y arroz cae sobre los contrayentes. Y veintiún cañonazos anuncian que Sofía ya es princesa de España. La reina helena contaría en sus memorias: “Su vestido de novia era un sueño de encaje, sobre el cual, cayendo desde su cabeza hasta el suelo, llevaba mi velo nupcial, también de encaje”. Tras el banquete celebrado en los jardines del Palacio Real, los novios iniciaron un viaje alrededor del mundo. La luna de miel comenzó en las islas del Egeo y terminó en Londres, cuatro meses después. A su regreso, se instalaron en el palacio de la Zarzuela.


Invitados y Fiestas Nupciales


Los invitados a la boda, según el capítulo Invitados Reales del libro de Fernando Rayón, La boda de don Juan Carlos y Sofía comenzaron a llegar a Atenas una semana antes de la celebración de los esponsales.
En total 143 miembros de 27 monarquías: Olav de Noruega; Juliana y Bernardo de Holanda; Francisco José y Gina de Liechestentein; Ingrid de Dinamarca y la reina madre Elena de Rumanía; Humberto y María José de Italia; y Raniero de Mónaco con su esposa, Grace.


invitados2a.jpginvitados11a.jpgOcho damas de honor
Entre las princesas invitadas, ocho de ellas son damas de honor: Irene de Grecia; Alejandra de Kent, Tatiana Radziwill, prima e íntima amiga de doña Sofía, Benedicta y Ana María de Dinamarca; Ana de Orleáns; Irene de los Países Bajos; Pilar de Borbón.

Fiesta para los príncipes y dos bailes de gala
El mismo día 10 por la noche, se abren las celebraciones nupciales con una fiesta para los miembros más jóvenes de las Casas reales. En el hotel Gran Bretaña, con el príncipe Constantino como anfitrión se reúnen los jóvenes príncipes de Europa para la gran despedida de los novios. La fiesta juvenil estuvo seguida por dos bailes de gala solemnes idénticos en protocolo y organización. Desde la boda de la Reina de Inglaterra no se habían reunido tantos Reyes y príncipes.


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Regalos


El rey Pablo de Grecia regaló a los novios, cuenta Fernando Rayón en su libro, La boda de Juan Carlos y Sofía, una carabela de Plata dorada inglesa del siglo XVIII y un abrigo de visón, la reina Federica regaló a Sofía una gaveta de caoba, un servicio de plata, la diadema de diamantes que llevo el día de su boda y a don Juan Carlos un anillo del siglo V antes de Cristo de oro con un camafeo de ágata anaranjada, que es el que siempre lleva el Rey en el dedo meñique.
Don Juan Carlos le regaló a Sofía una sortija con un grueso rubí; Sofía a Don Juan Carlos una pitillera de oro trenzado con cierre de zafiros.

El regalo de Franco
Franco regaló a doña Sofía una diadema de brillantes transformable en doble broche o collar y a Don Juan Carlos una escribanía de plata del siglo XV.

Detalles de valor incalculable
El general Degaulle les regaló un neceser de viaje con frascos de Baccarat y los condes de París una vajilla de Sévres; Un vaso de porcelana del siglo XVI y una pieza de brocado oriental fueron los presentes del Presidente de la China Nacionalista Chiang Kai Check; Onassis una excelente piel cibelina; Niarchos un aderezo de rubíes y un centro de mesa que representaba un petrolero de oro macizo; Los príncipes de Mónaco un velero deportivo; El gobierno griego un collar de perlas; La reina de Inglaterra un servicio de mesa de porcelana blanca y dorada y el duque de Gloucester una vajilla de plata; El presidente Kennedy una pitillera de mesa de oro; El rey Humberto de Italia un alfiler de brillantes; El rey Balduino 12 boles de fruta de plata bañada en oro; Los reyes de Dinamarca una vajilla de porcelana de Copenhague; Constantino e Irene tres brazaletes de oro con zafiros, rubíes y esmeraldas; los duques de Alba una petaca de jade y oro y los duques de Montellano unos pendientes del siglo XVIII.

La duquesa de Alba recogió fondos
Además de los obsequios arriba mencionados, la duquesa de Alba puso en marcha una iniciativa para que los españoles que lo desearan pudieran hacer sus donaciones a la Pareja a través de una cuenta corriente en el Banco de España.

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