Boda Don Juan de Borbón y María de las Mercedes
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Don Juan de Borbón y María de las Mercedes contrajeron matrimonio el 12 de octubre de 1935 en la Basílica de Santa María de Los Ángeles de Roma. Ella, infanta de España por concesión de Alfonso XIII y Princesa de las Dos Sicilias por su nacimiento, había nacido en Madrid, aunque pasó la mayor parte de su vida en Sevilla hasta que el advenimiento de la República provocó el exilio de la Familia Real española. Él, hijo de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, nacido con honores de príncipe en el Palacio de La Granja y destinado a ser Rey de España, vivía en esos años la amargura del exilio junto a resto de los miembros de la Casa Real Española.
'María, la brava'
Cuentan que María de las Mercedes era aquella prima lejana, que con acento andaluz, le traía al entonces Príncipe de Asturias, el recuerdo de su patria y que le llamaba cariñosamente ‘María la Brava’ en referencia a su fuerte carácter que contrastaba con su apariencia serena. Y en el exilio precisamente fue donde empezó la relación y donde se celebró su boda. La pareja eligió la Ciudad Eterna para darse el sí quiero y hasta allí acudieron miles de españoles para arropar a su ‘rey’ en un día tan señalado. De hecho, además de todos aquellos aristócratas, nobles y gentes 'adineradas' que siguieron al ‘rey’ en su exilio, una pareja de campesinos de cada una de las regiones españolas, vestidos con los trajes típicos de cada zona, se desplazaron hasta Roma en representación del pueblo español.
Se casaron el día de la Hispanidad
Minutos antes de las once de la mañana del 12 de octubre de 1935 (curiosamente el día que se celebra la festividad de la Hispanidad) llegaba en coche cubierto el novio, don Juan de Borbón, vestido de frac y luciendo las insignias del Toisón de Oro. Le acompañaban su padre, el rey Alfonso XIII y su hermana, María Cristina. Momentos después aparecía la novia, acompañada de sus padres, Carlos de Borbón Dos Sicilias y Luisa de Orleáns.
La novia lució un traje diseñador por Worth en lamé de plata con encajes antiguos y un largo y espléndido velo de gasa, sujeto por una diadema de flores de azahar enviadas desde Valencia. El ramo de novia estaba compuesto por gladiolos, nardos y azucenas.
Los contrayentes hicieron su entrada en el templo mientras sonaban los acordes de la marcha nupcial y ocuparon dos reclinatorios frente al altar mayor, donde por expreso deseo de los novios se colocó una imagen de la Virgen del Pilar, bajo cuya advocación quiso unirse la joven pareja. La ceremonia estuvo conducida por el arzobispo de Florencia, Elías Della Costa y actuaron como testigos del enlace don Jaime, duque de Segovia, hermano del novio; don Fernando de Baviera, tío del contrayente; y don Alfonso y don Carlos de Borbón, hermanos de la novia.
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Fueron recibidos por el Papa
Tras la ceremonia religiosa, los recién casados, junto a los ilustres miembros de sus respectivas familias, se dirigieron al Vaticano, donde fueron recibidos por su Santidad del Papa. Después de la audiencia, que duró un cuarto de hora, don Juan y doña María de las Mercedes se digirieron a la Basílica Vaticana para orar ante la tumba de San Pedro.
Al mediodía se celebró el banquete en el Gran Hotel de Roma. Entre los más de 6.000 invitados al enlace se encontraban el heredero de la Corona italiana, el Príncipe de Piamonte; el príncipe Cristóbal de Grecia; los príncipes José Eugenio, Luis y Fernando de Baviera y Borbón; don Alfonso de Orléans, y don Jenaro, don Raniero y don Gabriel de Borbón; el conde de los Andes, el marqués de Castel Rodrigo; el príncipe Pío de Saboya; el comandante Aramburu; el secretario de Don Juan, vizconde de Rocamora; la señora de Urcola; la dama de Doña María de las Mercedes, vizcondesa de Rocamora; y las condesas del Puerto y Campo Alegre.
Vida en el exilio
Los primeros años de su matrimonio los Condes de Barcelona vivieron en Cannes, Roma y Lausane (Suiza), país neutral en el que residieron durante la Segunda Guerra Mundial, junto a la reina Victoria Eugenia de Battemberg. Al finalizar la contienda se trasladaron a Estoril (Portugal), en donde el matrimonio, tras una conversación entre don Juan de Borbón y el General Franco, decidió que don Juan Carlos residiera en España para proseguir su educación.
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