Inés de Aquitania
Inés de Aquitania. ?, c. 1069 – 6.VI.1078. Reina de León y de Castilla, primera mujer de Alfonso VI.
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Primera de las cinco mujeres del Rey de León y Castilla, Alfonso VI (1065-1109), todas ellas de procedencia europea, circunstancia que refleja la voluntad de apertura a las influencias europeas del Reino castellano-leonés en el tercio final del siglo XI. No tuvo descendencia y las noticias disponibles sobre su personalidad y biografía son escasas. La denominación “de Poitiers” con que se la cita en ocasiones carece de fundamento. Las crónicas españolas no indican su procedencia, pero es posible identificarla con una hija del conde de Aquitania Guillermo VIII y de su mujer Matilde de la Marche, de la que afirma la Crónica de Saint-Maixent, sin citar su nombre, que se unió a Alfonso “rey de los hispanos” hacia 1069. Si vino efectivamente a España en esas fechas, cabe suponer que tuvieron lugar los desposorios, pues no contaba a la sazón con más de diez años. Su primera comparecencia cierta se registra en un diploma real emitido el 16 de junio de 1074, con motivo de un recorrido sobre La Rioja, en el que la reina Inés acompañó a su marido. Ese año, o el anterior, debió de celebrarse el matrimonio, cuando Alfonso VI había ya advenido al trono de Castilla, tras el asesinato de Sancho II en 1072, y contaba con unos treinta y cuatro años de edad. El significado de esa unión, de cuyas circunstancias nada dicen las fuentes, debe interpretarse en el marco de los intensos contactos con poderes ultrapirinaicos y, singularmente, con los abades de Cluny, que se detectan desde fecha temprana en el reinado de Alfonso VI, como prolongación de los entablados por su padre, Fernando I.
Algunas referencias cronísticas permiten suponer que Inés desempeñó un cierto papel en la sustitución en Castilla del rito visigodo tradicional por la liturgia romana, cuestión que dio pie a un conflicto entre la Corte de Alfonso VI y la Santa Sede durante los años 1077 a 1080. Al parecer, la Reina prestó apoyo a la causa de la nueva liturgia con motivo de un riepto entre caballeros, que se celebró por esas fechas, para dirimir el conflicto entre los dos ritos, pero las noticias sobre ese acontecimiento, probablemente legendario, son imprecisas. Figura su nombre en varios diplomas reales, de los que sobresalen la confirmación del fuero de Calahorra (10 de julio de 1076) y el fuero de Sepúlveda (17 de noviembre de 1076); también en la donación de dos monasterios castellanos (Santiago de Astudillo y San Juan de Hérmedes de Cerrato) a Cluny, pero se echa en falta en el diploma de duplicación por Alfonso VI del censo anual de 1.000 áureos que su padre, Fernando I, había instituido en favor de la abadía borgoñona, otorgado el 10 de julio de 1077, cuando probablemente Inés vivía todavía.
La reina Inés desaparece de la documentación a partir del 22 de mayo de 1077, fecha del último diploma en que figura su nombre. Su muerte debió de producirse entre ese día y la fecha del matrimonio de Alfonso VI con Constanza de Borgoña, del que sólo puede afirmarse con certeza que ya se había celebrado en mayo de 1080. Los Anales Compostelanos recogen como fecha de su muerte el 6 de junio de 1078, que puede admitirse, si bien no es enteramente fiable, porque la transcripción conservada es en parte errónea y, además, podría referirse a otra reina del mismo nombre, esposa de Pedro I de Aragón. Algunos autores la identifican con una Inés que, según la Historia eclesiástica de Orderic Vital, se hallaba casada en 1110 con Elías, conde del Maine, y era mujer “abandonada” (relictam) por un Alfonso, “rey de Galicia”. La posibilidad de que Alfonso VI repudiara a Inés, que volvería a casarse, cuenta a su favor con el hecho de que, con motivo de un sobresalto en la cuestión litúrgica que se produjo en 1080, Gregorio VII denunció, en una epístola dirigida al Rey con fecha de 27 de junio de 1080, la supuesta ilicitud de su matrimonio con la reina Constanza. El sentido de esos textos es, en cualquier caso, problemático, y la suposición del repudio y supervivencia de Inés tropieza con la noticia, que recoge el Tudense en su Chronicon mundi, y, tras él, la Primera Crónica General, de que fue enterrada en Sahagún, circunstancia que avala la conservación allí de la que parece su lápida.
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